-Ha
pasado un tiempo... Quería volver a saber de ti. Me has llamado con
tus ojos aquél día en el pasillo.- Me ha leído una vez más, solo
sus ojos me descubren. No puedo volver a esto.
-Solo
fue una coincidencia. Eres la última persona en este mundo a quien
quisiera volver a ver.
Me
marché por el pasillo, sé que me vio hasta el momento en que
alcancé la puerta. ¿Por qué, Saturno? ¿Por qué insistes en
volver a hacer mi vida un imposible?. Su presencia ha desatado una
revolución en mi y no hay forma de que pare. Sigue siendo un niño
arrogante y prepotente, de corta memoria... Pero yo no, no he podido
perdonar; creí haber borrado todo, ya no rondaba más mi mente,
contando los pasos, rezando para que el piso no volviese a ceder.
Fue
un largo camino a casa.
Días
de primavera
Marzo
Después
de aquél día lluvioso, Saturno y yo empezamos a compartir a diario.
Era mi mejor amigo, mi confidente y cómplice en materia de simples
pecados. En los jardines del instituto había un árbol hermoso, de
flores rosadas, similares a las flores de sakura de los cerezos
japoneses. Era nuestro punto de encuentro casi a diario.
Aventura
tras aventura, así pasaron unos muy felices 3 meses entre nosotros.
Éramos un grupo pequeño donde también estaba Charlie, de la
sección 4, retrasado un año por vago y maleante; hoy un desconocido
para mi, y Christina quien fue mi amiga desde el primer día. Algo
masculina y un poco tosca, adicta al deporte; mi antítesis. Éramos
un grupo de lo más disparejo, en apariencia los mejores amigos a
desear en estos años de transición a la adultez, por lo menos eso
creí.
Fuimos
rebeldes sin razón de ser, demasiado jóvenes, demasiado impulsivos.
Casi siempre al margen de lo permitido y muchas veces más allá de
ello. La vida de instituto no está completa sin mucho alcohol entre
menores de edad. Nuestro único objetivo era esperar que el mundo se
acabase, con adrenalina en la venas, corriendo en los pasillos,
cuestionando todo a nuestro alrededor. ¡Sí que fue la gloria vivir
esos días! Más se nos fueron fácilmente entre los dedos.
Éramos
4, más mi vida giraba por los días junto a Saturno. No estaba
completa salvo que el estuvieses allí. Sin darme cuenta era adicta a
su presencia, adicta a su esencia, su ser. Me enamoré de Saturno y
sus infinitos ojos verdes. Lo supe ese día bajo el árbol de flores
rosas.
-¡Saturno!
Te he esperado una media hora. Venga, llegando tarde, es de mala
educación.
-Eh,
tampoco a sido tanto pequeño cerezo. He tenido una disputa familiar
con mi tía Gina.- Empezamos a caminar para ir a la de siempre y
tropecé. Algo muy tonto y típico. Saturno se detuvo a ayudarme.
-¡Auch!
Creo que me he torcido el tobillo.- Niña tonta, rodaron mis lágrimas
en ese momento y no podía con la vergüenza.
-Ven
y te llevo a la enfermería. Así no vas a poder correr por el
pasillo en lo que llegue la rectora Alegría.- Me tomó en brazos,
desconocía es fuerza. Me acunó en sus brazos, delgados y perfectos.
Por primera vez sentí tan de cerca aquella calidez, su perfume, su
corazón latiendo con fuerza. Lo supe, quería amarlo hasta donde no
llegara la razón.
Por
supuesto me torcí el tobillo y estuve ausente de clases por 3 días,
sumando a eso un buen raspón en la rodilla. Saturno fue durante esos
días a mi casa a llevarme el deber. Charlie y Christina también
llegaron con una buena cantidad de comida (no porque no hubiese en mi
casa, es solo que así se sentían útiles).
-¿Cómo
van los ánimos pequeña?.- Christina me discriminaba con frecuencia
debido a mi escaso 1,58 metros.- Hay que ver te has dado un buen
tortazo. Menos mal Súper Saturno estaba a la orden para rescatarte.
¡Que caballero!.
-¿Súper
Saturno?, no es tampoco lo máximo, hasta yo la hubiese rescatado.
Allison es irresistible jajajaja.- Por el otro lado, Charlie era
excesivamente efusivo conmigo. Me trataba como una hermanita.
-No
ha sido para tanto chicos. Saturno quiso simplemente lucir su fuerza
jaja.
-Yo
creo que le gustas.- Se acelera mi ritmo cardíaco.
-¡Pero
que carajos estás diciendo, Charlie! Saturno y yo somos solo mejores
amigos.- Mi roja cara me delata.
-Claro...
Amigos. A otro perro con ese hueso, enana.
¿Estarían
en lo cierto? ¿Realmente Saturno podría verme con ojos de amor?. Mi
ser apenas estaba descubriendo estos sentimientos, más no podía
retenerlos en mi pecho. Mi corazón estalla cada vez que pienso en
ese momento: sus brazos, su olor, su fuerza, su tacto, todo. Todo de
Saturno me encantaba, ¿podría ser mutuo?
Esto de vivir sin internet es un fastidio total, aunque me permitió escribir demás en estos días... Me gusta la forma que toma a una velocidad increible. Amo escribir, debí de estudiar letras jaja! Actualmente mi vida es estúpidamente monótona, casi al punto de no haber surcos en la línea del latido. Son así las ironías. Entre otras cosas que bueno es saber que hay gente alrededor del mundo leyendo esto (blogger me dice hasta de que país son, ¡Gracias a mis lectores mudos jaja!)... Como me da nostalgia la vida del estudiante :).
Mil_Historias77
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