Saturday, March 19, 2016

La promesa de un Ángel

Día 2.

Noviembre 01

Desde entonces llego temprano todos los días y divago, rezando y esperando por verle una vez más, ¿a qué se debe tal manía? No es como si algo va a cambiar a mayores. No en mi estable y fabulosa vida. Más me doy cuenta, estoy embelezada contemplando el paisaje más allá de la ventana, no me puedo concentrar en ninguna palabra del profesor. Su cabello negro, sus ojos color esmeralda, los recuerdos del pasado... El llamado a los imposibles. Mejor prestar atención a una aburrida clase de contabilidad.

Saturno, dos años mayor que yo y aún así estudiábamos juntos. No es por se engreida, pero soy una prodigio. Logré mi ingreso a éste instituto a la tierna edad de 14 años, dos años antes que mis compañeros. Fue así como conocó a Saturno. Llegaba temprano aquél día, llovía a cántaros y estaba empapada. Una conflicto me sacó de mi zona de comfort, no era el mejor de mis días. Al llegar al salón de clases me econtré con sus ojos verdes.

Su presencia no me hacía delirar, aunque ese día noté con detalle lo ridículamente atractivo que este ser era. Me abrí camino hasta mi mesa y me recliné a esperar el paso del tiempo. Saturno movió sus cosas y se sentó ese día junto a mi.

-Venga, que te has empapado hasta la ID jaja.
-Pero que adivino eres, deberían darte un premio.
-No es para tanto, es un talento discreto-. Su sonrisa era totalmente irresistible. -Vamos por un café para calentarte, me llamo Saturno.
-Ah, soy Allison.
-Lo sé.- Perdimos toda aquella tarde de clases hablando de la vida en los jardines del instituto mientras llovía. Sin darme cuenta, le había entregado un arma cargada en las manos a Saturno y el la usaría en mi contra cuando menos lo esperé.

Al fin terminó la hora académica. Otro largo día sin pie ni cabeza. Como es usual, la primera en llegar y la última en irse soy yo; no puedo evitar embelezarme viendo el paisaje hoy, luce tan familiar, ¿pensará él también en mi?, han pasado 3 largos años en los cuales mi vida recobró el rumbo tras el dolor. Tres años en los cuales no he convivido con Saturno. Aunque estamos en el mismo instituto y estudiamos las mismas materias, no concordamos en la misma sección desde el año de ingreso y es tan grande este lugar que no lo he vuelto a ver desde la culminación del primer año... Hasta ese día, ¿qué voluntad cósmica quiso que pensara otra vez en Saturno?

Hora de volver a casa, cierro tras de mi la puerta del aula y ahí está. Al borde de la escalera, Saturno, ¿me estabas esperando?

-Pocas cosas cambian con los años, como tu costumbre de abrir y cerrar las puertas pequeño cerezo.
-Saturno... Es un poco tarde, ¿no crees?-. Por Dios, me mata verlo allí, ha crecido  y se ve más hombre ahora; se me va a salir el corazón por la garganta.
-Nunca he pensado en lo tarde cuando se trata de ti. Hay puertas que simplemente nunca cierran, mi pequeño cerezo.

Lo odio. Mi cuerpo lo odia, más tiene algo de cierto... Hay puertas que nunca cierran, y en estos momentos estoy invadida por él. Perdida hoy en el pasado, un grito, un eco y un silencio más grande que el universo. El problema de dejar una herida mal curada es que el pasado siempre puede volver a filtrarse entre las grietas.


 
Me ha gustado empezar a escribir esta historia. Amateur y todo, es la segunda vez que hago una historia larga. Tengo un libro terminado el cual siempre vi como mi magna proyecto y tengo ganas de algún día llevarlo a una editorial, aunque solo impriman 10 copias habré cumplido con dejar huella en algún lado jajajaja. Pero aquella es una historia real, esto es una expiación, una sonata. Está inspirada en personas que existen en la vida real, más la historia no tiene mucho de cierto jaja. Como todo, es ficción y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia!

Mil_historias77

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