Friday, March 18, 2016

La promesa de un Ángel

Día 1. Saturno

Había pasado el tiempo, aunque no tanto. Ya nada quedaba por sanar. No muy viva, no muy muerta, anhelando simplemente la aprobación de quienes la rodeaban. Señorita independiente, señorita perfecta, señorita todo debe salir a mi modo, así era ella. La perfección debía llenar todos y cada uno de sus vacíos. Ya nada quedaba por sanar.

A simple vista, una buena vida. Una familia algo disfuncional pero colmada de amor, buenas notas, trabajo decente y el amor de su vida, ¿Qué podría estar mal en tal círculo? Muchos envidiarían tal estilo, sin embargo, ella lo odiaba. No quedaban heridas que curar, más la monotonía, la carencia de emociones... El perfecto paisaje de rejas blancas y jardines bien podados. Lo odiaba. Ella lo detestaba con todo su ser. Con la juventud de su lado se deslizaba a una vida adulta promedio... Sin color alguno, hasta ese día.

Octubre 17

No muy distinto a mis días normales. Solo tuve que llegar una hora antes de lo usual... Por cosas de la vida no conseguía forma de llegar al Instituto y me encontraba lejos. Tuve que aprovechar el aventón de una compañera de trabajo. Llegué a las 4:00pm, ¿Qué hacer en dos horas antes de la clase de hoy?, sin duda un día de lo más pesado.

No soy amiga de dar vueltas y perder el tiempo, pero de verdad no tenía nada que hacer... Ya hacían muchos años desde que entré al instituto, ya sabía todas y cada una de las vueltas que dan estos pasillos cenicientos... No esperaba novedad alguna, hasta que en un mar de gente le vi, tan Saturno como lo recordaba. No podía ir en esa dirección, sabía que estaba mal, más mi cuerpo reaccionó... La gravedad hizo lo suyo.

Ese día colicionaron estrellas en galaxias lejanas, más el eco me arropó. Que dicha es poder existir. Todos los días iguales hasta hoy.. Daría todo por escuchar su voz dirigiéndose a mi. El universo fue hecho para ser visto por nuestros ojos. Fue breve el encuentro ese día, apenas un cruzar de miradas. Es increíble como podemos sentir lo mismo sin decirlo, la forma en que las conexiones a veces no perecen... No es el final hasta que llega el final.

Lo que no sabía yo, es que a partir de ese momento no quedaría un día en el cual no lo buscara bajo las piedras, bajo la luz de un farol, a la vuelta de uno de estos pasillos cenicientos... La sed del alma solo los placeres la pueden llenar y todo lo que yo daba por garantizado ese día... Cambió.






































Me lo pensé mucho para publicar esta historia. Llevo días escribiéndola (esto es tan solo un fragmento, quizás un pequeño prólogo jaja). Tengo una nostalgia terrible de los días de estudiante. Y si sé que me acabo de graduar, que no ha pasado tanto y blabla.. Me refiero a esos días de uniforme, de esos inicios de universidad que eran sinónimo de alguna aventura nueva u otra metida de pata jajajaja! Donde amar sin medidas era la ley de vida y poco importaban realmente muchas cosas.. Hoy sigo joven, apenas tengo 22 años pero me encuentro en el proceso de formalizar mi vida en muchos sentidos. Desde los 18 me ha tocado ir por mi cuenta en muchos aspectos, perdí un buen trozo de mi juventud por errores tontos. Esta histtoria es algo así como una redemption de eso.


"Quiero que el día en que muera pueda pensar: Oye, ha sido divertido esto, eh?"

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