Despertó cansada un día más. Agotada de la monotonía de la rutina, siempre redundante. Dormir, despertar, hacer la comida, salir de casa, tomar el metro, recorrer las 17 estaciones hasta el trabajo, atender a todos esos ricos y famosos que se creen superiores por sus circunstancias, salir, tomar el bus que la lleva al metro, 17 estaciones y una hora y media después, por fin en casa, comer, dormir. A nadie le pueden caer bien 12 horas de trabajo, 5 días por semana. No le va nada mal, tampoco le va del todo bien. A veces se cuestiona el porqué de todo lo que hace. Recicla, es vegana, en su tiempo libre anda en bici, cuida a su familia en la distancia, cuida a su familia allí, que están junto a ella. La rutina puede ser sumamente agotadora, sin embargo, llegar a casa a la alegría de una mascota que la ama, de la mano de su amor, las actividades del hogar juntos, tener sexo un par de veces a la semana, la sonrisa de mamá cuando tiene buenas noticias en la llamada, el abrazo en la distancia de papá, las alegrías de una hermana que está triunfando pese a las circunstancias, salir al parque, abrazar los sonidos de la ciudad mientras la recorre en dos ruedas, libertad dentro de la esclavitud. Siempre somos esclavos de algo, la libertad es una sensación, un respiro, un alivio en el ahogo... Por cada uno de esos detalles, pequeños, quizás hasta insignificantes en los ojos de muchos, por esas cosas es que vale la pena cada día. No sabe si triunfará en la vida, si ya sus mejores días se fueron en todas esas anécdotas que cuenta a quienes forman parte de su día a día. Supone que algún día tiene que ser "el día", pero aunque hoy no lo sea, ha sido suficiente para resistir un día más*
7 meses de mucho crecimiento, no te soporto, pero ya te quiero mucho, Santiago de Chile.
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