En mi vida se ha detenido el tiempo después de una despedida más. Mi corazón roto y sangrando nuevamente en una terminal, dejando ir lo que no quería soltar se ha quedado... Me siento diminuta ante cada nueva dificultad y el miedo latente y constante de que, una vez más, mi historia culminará en un fracaso. Mi psicólogo lo llama "trastorno de estrés post-traumático", yo lo siento como que la vida entera se me va por un agujero en una cámara presurizada. Si tengo los ojos abiertos me enfrento a mi triste realidad, si los cierro mil demonios no dejan de atormentarme... Mi voluntad puede estar inflada por las mañanas y acabar tras leer un nuevo mensaje desmotivante. Este dilema me destruye en las noches, me impide soñar, acaba mi ser entero... ¿Qué quedará de mi? ¿Lo lograré?... Extraño dormir, mi paz mental, despertar junto a mi amor por las mañanas... Un viaje más, un obstáculo nuevo al que enfrentar, se me llena el pecho entero de temores, pero ya lo decidí... Decidí partir (así sea de éste plano terrenal). La oportunidad está allí en el horizonte, las palabras correctas han sido entregadas y, si hablamos de porcentajes, un 80% es el avance (tal vez es más, soy mala con los números), sin embargo, mi fe se reusa a ser optimista, siempre caminando con cautela. Espero algún día ganarle a tanto miedo.
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